El mundo del fútbol entristece. En el medio de un Mundial, donde la expresión de la redonda número cinco llega a su pico máximo, las noticias que arribaron desde Madrid no son bienvenidas por ningún amante del deporte más influyente del planeta. Se fue un grande. Se fue un maestro, una gloria, una leyenda.
Alfredo Di Stéfano partió el lunes pasado hacia otro mundo, seguramente con alguna gambeta al Barba, y hasta tirando una pared otros ídolos que nos dejaron en el pasado. Pero siempre estará en las mentes de todos los fanáticos del buen juego y de los melancólicos, que llenarán sus discursos con relatos de la Saeta Rubia.

Foto: Colgados Por El Fútbol
Considerado uno de los cinco mejores futbolistas de toda la historia, Di Stéfano marcó una época. Comenzó sus pasos en el eterno River Plate de Argentina, donde disputó unos pocos partidos y fue cedido durante un año a Huracán. Allí brilló y su nivel le permitió retornar al club de donde nació deportivamente para conformar lo que hasta hoy es considerada una de las mejores delanteras del fútbol: la Máquina.
Sus proezas riverplatenses lo depositaron en Colombia, donde lució los colores azul y blanco con la camiseta de Millonarios, para luego de unos años si por fin terminar en el primer mundo, lugar en donde se forjó el balón pié, es decir, Europa.
Desembarcó en España, y estuvo al borde de vestir los colores blaugrana, sin embargo, el destino torció su rumbo hacia la Casa Blanca y fue presentado en el Real Madrid, lugar donde hoy es un emblema. En el Merengue cosechó cinco Copas de Europa, una Copa Intercontinental y ocho Ligas Españolas, entre otros logros, y hasta la actualidad , junto con Raúl González, son valorados como los mejores delanteros de la Institución madrileña. Posteriormente, y tras haber alcanzado el punto máximo de su carrera, se mudó a Barcelona, para por fin retirarse como profesional en el Español de esa ciudad.

Foto: La Nueva
Años después, se dedicó a la dirección técnica de equipos de Primera División. Se desempeñó como entrenador de varios equipos españoles, entre los que se destacan el Valencia y su casa, el Real Madrid, y también de planteles argentinos, como resultaron los casos de River y del eterno rival de los Millonarios, Boca Juniors. Cabe señalar que en todos estos conjuntos en los que ejerció la conducción técnica obtuvo al menos un título.
El pasado 4 de julio cumplió ochenta y ocho años. Un día después, fue hospitalizado por un paro cardiorespiratorio y tras dos jornadas y habiendo sido inducido en un coma farmacológico para intentar mantenerlo estable, su corazón no dejó de latir.

Foto: La Bombonera
Hace poco, en nuestro programa, más precisamente en la edición número cuarenta y uno, recordábamos a Di Stéfano con motivo del Mundial de Brasil mediante una frase que proclamó en su trayectoria. "Un 0 a 0 es como un domingo sin sol", expresó en algún momento la Saeta Rubia. Paradojicamente, el destino quiso que el último partido trascendental del deporte en el que deslumbró a todos haya sido un 0 a 0 (Holanda y Costa Rica por uno de los Cuartos de Final de la Copa del Mundo), y su querida Barracas, el domingo, amaneció gris y atestada de nubes que trajeron la lluvia. Casualidad o no, de alguna u otra manera, era la despedida al gran Alfredo.
La pelota estará triste. Se marchó alguien que la trató como pocos. Que la mimó, que la acompañó, que la acarició y que la supo comprender como sólo algunos saben. Hasta luego Don Alfredo...

Foto: Taringa
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