¿Casualidad o causalidad? La palabra difiere en tan sólo una combinación de sus letras, pero tienen significados bastante incompatibles. Y esta incompatibilidad también es respetable dentro de los deportes.
Leonardo Mayer comenzó su temporada en el puesto número noventa y cuatro en el escalafón mundial de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) y poco a poco, a base de esfuerzo, trabajo y sacrificio, combinado con diferentes rachas de partidos ganados, fue hilvanando victorias que lo depositan hoy en el mejor ranking de su vida y que va camino a seguir escalando posiciones.

Foto: Emol
Lejos quedan la final de Viña del Mar en febrero (su primer partido decisivo dentro del circuito grande), o los cuartos de final en Oeiras y Niza, cayendo en los dos en tres apretados sets y tras haber superado, además, la clasificación previa al certamen en ambos.
Con la confianza acumulada en estas competiciones se instaló en la tercera vuelta de Roland Garros para igualar sus mejores producciones en el Grand Slam parisino, donde ya había accedido a esa instancia en los años 2010, 2011 y 2012. Pero lo mejor aún estaba por llegar...
El césped claramente nunca fue su superficie predilecta. Sin embrago, en Wimbledon encontraría la regularidad de su saque y de sus golpes de fondo para imponerse en la primera ronda a un especialista de ese suelo, como lo es el italiano Andreas Seppi, a quien derrotó en cinco sets.

Foto: Minuto Uno
La segunda vuelta no resultaba nada sencilla ya que enfrente se percibía la presencia de un ex semifinalista en el All England. Pero para Mayer parecía que nada era imposible y tras cuatro sets doblegaba al chipriota Marcos Baghdatis y se instalaba en la tercera ronda y, de esta manera, empataba sus mejores actuaciones dentro de los cuatro Majors. No obstante, el Yacaré no dio tregua a su oponente en ese turno y también lo vapuleó. Fueron tres sets cómodos para superar al ruso Andrey Kuznetsov, quien cinco años atrás se proclamaba campeón en este torneo, pero en la modalidad Junior.
El camino de Mayer ascendía cada vez más. No era casualidad el momento que estaba viviendo, era una causalidad. Porque la confianza capturada durante la regularidad del año eran una muestra clara de que el único artífice de esta escalada era el mismo. Empero, apareció el búlgaro Grigor Dimitrov quien, en tres ajustado sets, colmó las expectativas del correntino de poder acceder por primera vez en su carrera a los cuartos de final de un Grand Slam.

Foto: Diario Uno
El pasado lunes se publicó el nuevo ranking de la ATP y a pesar de haber caído en los octavos de final del césped londinense y en la segunda ronda de Stuttgart la semana posterior, las diferentes situaciones no truncaron a Mayer a afirmarse dentro de los cincuenta del mundo nuevamente y figurar en el puesto número cuarenta y seis, el mejor de su carrera.
Esta semana, con los cuartos de final alcanzados en el polvo glorioso de Hamburgo, tierra sagrada para el tenis argentino en alguna época, el Yacaré sigue dando pasos firmes estableciéndose entre los puntos a tener en cuenta de cara a lo que viene en el mundo del tenis.
Mayer no es un producto de la casualidad de un torneo. Es un símbolo más para comprender que emprender una causa a base de esfuerzo, una ardua labor y una dedicación plena en pos del objetivo trae sus frutos. Solo él sabrá donde se fijará su techo. Mientras tanto, seguir sobre el andar de la senda victoriosa es más que bienvenida.

Foto: Cancha Llena
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