martes, 22 de julio de 2014

Con el Autódromo, no

Ese templo donde los motores rugen desde el año 1952 cuando se estrenó y que pasó a ser la Catedral del Automovilismo Argentino, escenario de tantas epopeyas y tantas competencias internacionales no merece tener fin. Pero...

En todas las historias hay un pero. Lamentablemente, en cada lugar de este planeta, por más recóndito que sea, siempre hay una parte negativa que quiere llevarse el gran protagonismo de la rica esencia que puede existir sobre los sucesos y acontecimientos que trascurrieron en esos escenarios.


Foto: Pole Position

El Autódromo de Buenos Aires, esa pista que se halla en el Sur de la Capital Federal, está viviendo momentos de zozobra hace varios meses. La situación por la que está transitando ese circuito donde las historias de los fierreros van desde las anéctodas graciosas vividas con amigos hasta las máximas glorias conseguidas por los mejores pilotos del mundo, no es la más grata y el automovilismo nacional lo sabe, lo siente, y también lo sufre.

El pasado fin de semana la fiesta estaba armada para que el Súper TC 2000, la segunda categoría en cuanto a jerarquía de la Argentina, dispute su sexta fecha realizando los ya famosos 200 Kilómetros de Buenos Aires, tal como se llama a la competencia en cuestión. Sin embargo, un imprevisto sorprendió a todos los asistentes al espectáculo el domingo por la mañana: una faja de clausura impedía el acceso de la gente que había abonado su entrada y se temía que el evento se malogre. 


Foto: Infobae

Fue por eso, y con el gran avance en las negociaciones por parte de los dueños de la concesión del circuito, el fiscal a cargo del cese y los directivos de la categoría, lograron llegar a un acuerdo para que se levantara la medida y la competición se realice sin inconvenientes. 

El problema radicó en la infraestructura del monumento de cemento, donde los motores se hacen oír desde hace ya más de medio siglo. Varias de sus instalaciones no están en las condiciones correctas para llevar adelante un espectáculo deportivo de ésta índole y por eso se debió implementar el cierre del mismo. Esa tarea corre por parte de los concesionarios, quienes deben tomar cartas en ese asunto para reparar el daño sufrido por el circuito más importante del país en cuanto a historia.


Foto: Cars Magazine

Los responsables deberán asumir el rol que les corresponde para que el templo no sea demolido, o que sus terrenos pasen a mano de empresas que poco tienen que ver con el automovilismo y que lo querrán para otro tipo de fines, muy distintos a los deportivos. Por el bien de las categorías que alimentan a los motores semana tras semana y por el del público fiel, acompañante y amante de los autos como lo es la gran familia del automovilismo argentino, habrá que reconstruir lo dañado y mantener el buen estado del mismo. Es un favor que le deben al escenario que más pasiones fierreras desató en nuestra Nación.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario